Semanario Político Mercantil:
El primer periódico de El Salvador
Imagínate San Salvador en 1824. Conoce cómo se compró la primera imprenta, quién la redactaba y por qué casi no quedan ejemplares.
La ficha técnica del primer periódico
| Nombre | Semanario Político Mercantil de San Salvador |
| Primer número | Sábado 31 de julio de 1824 |
| Lugar | San Salvador, en el entonces Estado del Salvador |
| Periodicidad | Semanal: salía los sábados |
| Redactor | Presbítero Miguel José de Castro y Lara |
| Imprenta | La primera del país, comprada en Guatemala en 1824 por colecta popular |
| Primeros impresores | Manuel Inocente Pérez, de Metapán, y Samuel Aguilar, de San Salvador |
| Formato | De 4 a 8 páginas a dos columnas, en hojas de 21 × 30 cm |
| Número más tardío con fecha conocida | N.º 88, del 1 de abril de 1826 |
| Cierre | 1826 según Ítalo López Vallecillos; 1827 según Jorge Lardé y Larín y Carlos Cañas Dinarte |
| Ejemplares localizados | 10 números de 1824 en microfilm (Universidad de Tulane) y 31 ejemplares de 1825 y 1826 (UCA) |
Índice del Artículo
- 1. Imagínate San Salvador en 1824
- 2. San Salvador, 1824: un Estado recién nacido... y sin imprenta
- 3. La colecta: así se compró la primera imprenta de El Salvador
- 4. Sábado 31 de julio de 1824: sale el primer número
- 5. ¿Qué traía adentro? Noticias, pleitos, fábulas... y anuncios
- 6. Miguel José de Castro y Lara: el primer periodista salvadoreño
- 7. ¿Y José Matías Delgado? Lo que hizo... y lo que no
- 8. ¿Cuándo dejó de publicarse? El final que nadie ha podido fechar
- 9. ¿Dónde están los ejemplares? Una búsqueda de dos siglos
- 10. Lo que vino después: de El Centinela al Diario Oficial
- 11. Cinco confusiones frecuentes (y lo que dicen las fuentes)
- 12. Cronología rápida
- 13. Preguntas frecuentes (FAQ)
- 14. Fuentes
Imagínate San Salvador en 1824
Una ciudad de unos 25 mil habitantes, recién salida de dos independencias —la de España en 1821 y la de México en 1823— y con un problema que hoy suena rarísimo: en todo el territorio no había una sola imprenta. Ni una. Las únicas de Centroamérica estaban en Guatemala.
¿El resultado? Lo que pasaba aquí se contaba desde allá. Y no siempre bien contado.
Hasta que un sábado, el 31 de julio de 1824, de una prensa de mano comprada con una colecta entre vecinos salieron unas pocas hojas impresas a dos columnas. En la cabecera se leía: Semanario Político Mercantil de San Salvador.
Ese fue el primer periódico de El Salvador.
Lo que sigue es su historia completa: cómo se juntó el dinero para la imprenta, quién lo escribía, qué traía adentro, por qué nadie sabe con exactitud cuándo dejó de salir... y dónde están hoy los poquísimos ejemplares que sobreviven.
Te la cuento con las fuentes en la mano. Y avisándote cada vez que los historiadores no se ponen de acuerdo, que pasa más de lo que uno cree.
¿Cuál fue el primer periódico de El Salvador?
El primer periódico de El Salvador fue el Semanario Político Mercantil de San Salvador. Su primer número salió el sábado 31 de julio de 1824, impreso en la primera imprenta que tuvo el país, comprada en Guatemala con una colecta popular que impulsó el presbítero José Matías Delgado. Lo redactaba otro sacerdote, Miguel José de Castro y Lara, considerado el primer periodista salvadoreño. Por esa fecha, cada 31 de julio se celebra en El Salvador el Día del Periodista.
Esa es la respuesta corta. Y aquí va la ficha, para que la tengas a mano:
| Dato | Lo que dicen las fuentes |
|---|---|
| Nombre | Semanario Político Mercantil de San Salvador |
| Primer número | Sábado 31 de julio de 1824 |
| Lugar | San Salvador, en el entonces Estado del Salvador |
| Periodicidad | Semanal: salía los sábados |
| Redactor | Presbítero Miguel José de Castro y Lara |
| Imprenta | La primera del país, comprada en Guatemala en 1824 por colecta popular |
| Primeros impresores | Manuel Inocente Pérez, de Metapán, y Samuel Aguilar, de San Salvador |
| Formato | De 4 a 8 páginas a dos columnas, en hojas de 21 × 30 cm |
| Número más tardío con fecha conocida | N.º 88, del 1 de abril de 1826 |
| Cierre | 1826 según Ítalo López Vallecillos; 1827 según Jorge Lardé y Larín y Carlos Cañas Dinarte |
| Ejemplares localizados | 10 números de 1824 en microfilm (Universidad de Tulane) y 31 ejemplares de 1825 y 1826 (UCA) |
San Salvador, 1824: un Estado recién nacido... y sin imprenta
Para entender por qué importó tanto aquel periódico hay que mirar el momento.
Centroamérica se había independizado de España en 1821. Después vino la anexión forzosa al Imperio mexicano, a la que San Salvador se opuso y que terminó con la invasión de las tropas de Vicente Filísola. En 1823 el Imperio cayó, y las provincias del istmo quedaron, ahora sí, por su cuenta.
Había que inventarlo todo.
El 24 de junio de 1823 se reunió en Guatemala el primer Congreso Constituyente de las Provincias Unidas del Centro de América. Lo presidió un cura sansalvadoreño: José Matías Delgado. Y en 1824 le tocó organizarse a cada Estado. El del Salvador instaló su propio congreso y, el 12 de junio de 1824, sancionó su primera Constitución, que —como recuerda el historiador Carlos Gregorio López Bernal— establecía de forma explícita la libertad de imprenta.
Libertad de imprenta. En un lugar que apenas ese año estrenaba imprenta.
Porque Guatemala imprimía desde 1660 y tenía periódico desde 1729. San Salvador, nada. La investigadora María Tenorio, que dedicó su tesis doctoral a estos primeros periódicos, describe la ciudad de entonces como un lugar de unos 25 mil habitantes donde los impresos eran, en general, “artículos de lujo”, reservados a los pocos que tenían educación y, además, patrimonio o trabajo.
Tan de lujo que los periódicos no se botaban. Se coleccionaban. Y hasta se empastaban.
La colecta: así se compró la primera imprenta de El Salvador
Antes de tener periódico había que tener con qué imprimirlo. Y eso costaba dinero.
La solución fue de pueblo: una colecta popular.
Ítalo López Vallecillos, autor de la obra clásica sobre el periodismo salvadoreño, cuenta que el equipo se adquirió por una colecta que suscribió el propio padre Delgado. La biografía oficial de la Asamblea Legislativa lo dice casi igual: Delgado “reunió los fondos populares con los que se compró en Guatemala la primera imprenta oficial salvadoreña”.
¿Y qué compraron? Según el historiador Carlos Cañas Dinarte, una imprenta de mano con tipos móviles de plomo, de origen estadounidense, adquirida en la ciudad de Guatemala con lo recogido entre la población de San Salvador. López Vallecillos la describe sin adornos: una prensa “muy rudimentaria”.
Sobre el mes exacto hay un pequeño baile de fechas. El mismo Cañas Dinarte habla de junio de 1824 en un texto y de “los primeros meses de 1824” en otro. Lo seguro es el año... y que en junio ya estaba trabajando.
La casa donde se instaló
El equipo se le entregó al presbítero Miguel José de Castro y Lara para que lo instalara. Y quedó montado en la casa de don Manuel Herrera.
Si conoces el centro de San Salvador, el lugar tiene dirección: la esquina de lo que hoy son la 2.ª avenida Sur y la 8.ª calle Oriente, frente al antiguo teatro y cine Apolo, en el predio donde hasta hace unas décadas funcionó la Confederación de Obreros de El Salvador. Pocos meses después, la imprenta se mudó al viejo Palacio del Corregidor Intendente, en el cruce de las actuales 4.ª avenida Sur y 6.ª calle Oriente.
La próxima vez que pases por ahí, acuérdate. En esa esquina se instaló la primera imprenta del país.
Dos impresores que aprendieron el oficio en Guatemala
Una máquina sola no imprime nada. Hacían falta manos que supieran armar cada página letra por letra, con tipos de plomo.
Esas manos fueron las de Manuel Inocente Pérez, originario de Metapán, y Samuel Aguilar, vecino de San Salvador: los primeros impresores salvadoreños. Los dos habían aprendido el oficio en Guatemala, en el taller de Manuel José Arévalo.
Fíjate en el detalle. Aprendieron en Guatemala. La misma Guatemala cuya versión de las cosas el periódico iba a salir a discutir.
No solo imprimió el periódico
Aquella prensa —que las fuentes llaman a veces Imprenta del Estado y a veces Imprenta del Gobierno— tuvo trabajo desde el principio. En junio de 1824 su encargo más pesado fue la primera Constitución del Estado, en una tirada de no más de 300 ejemplares. También sacó numerosas hojas sueltas, casi todas de carácter político.
Y un dato que pocos conocen: en 1825 imprimió la Ley Fundamental del Estado Libre de Costa Rica, un volumen de 25 páginas. ¡La primera Constitución costarricense salió de una prensa de San Salvador! Costa Rica no tuvo imprenta propia hasta 1830.
¿Dónde ver hoy una prensa de aquella época?
De la imprenta original de 1824 no hay rastro en las fuentes consultadas. Pero si te quedaste con ganas de ver de cerca cómo era el oficio, en Salcoatitán, Sonsonate, funciona La Germinal Museo de la Imprenta. Según reportó Diario El Salvador en 2024, entre sus piezas hay una prensa tipográfica de 1830.
Sábado 31 de julio de 1824: sale el primer número
Cañas Dinarte lo ubica con precisión: fue en la mañana del sábado 31 de julio de 1824.
Y lo mejor es que sabemos qué decía. María Tenorio localizó ese primer número y copió la frase con la que el periódico se presentó ante sus lectores. Va tal cual, con la ortografía de la época:
“Ofrecemos publicar en éste periódico las noticias mas puntuales y exactas de nuestro estado y situacion, para evitar en cuanto sea posible los errores y estrabagancias que sin juicio ni criterio alguno se han dibulgado en Guatemala y otras partes.”
Primer número del Semanario Político Mercantil (31 de julio de 1824)Léela otra vez, despacio.
Eso no es un saludo de bienvenida. Es un reclamo. Dicho en buen salvadoreño: están contando mal lo que pasa aquí, y venimos a contarlo nosotros.
Tenorio lo resume así: el Semanario buscaba expresar una voz distinta de la guatemalteca. Y va más lejos. Según ella, la prensa salvadoreña nació con propósitos muy concretos: meter a San Salvador en la conversación de la federación recién inaugurada, conseguirle el rango de ciudad con obispo propio y darles a sus dirigentes “voz propia y lugar propio” en las disputas por quién mandaba en Centroamérica.
O sea: de neutral, nada. Tenorio tiene una frase preciosa para los impresos de aquellos años. Eran, dice, “papeles en pleito con otros papeles”.
¿De dónde salió el nombre?
Semanario. Político. Mercantil. Suena solemne, pero era la moda.
Tenorio explica que los periódicos de entonces tomaban nombres que se repetían en ciudades de los dos lados del Atlántico —gaceta, correo, semanario, boletín, crónica, monitor— y que algunos los “salvadoreñizaban”. El nuestro es el primer ejemplo que pone.
López Vallecillos añade una pista. La influencia más directa era la prensa mexicana, de donde el Semanario reproducía noticias y artículos, y “hasta el nombre se había tomado consciente o inconscientemente de una publicación mexicana de 1809”. No dice cuál.
¿Cómo era el Semanario Político Mercantil?
Olvídate de fotos, de titulares gigantes o de primera plana a colores.
Era un impreso sencillísimo. Entre cuatro y ocho páginas, a dos columnas de 7.5 por 25 centímetros cada una, en hojas de 21 por 30 centímetros. Para que te hagas una idea: prácticamente el tamaño de una hoja A4 de las de hoy.
Salía los sábados. Y llevaba una numeración corrida de tomo, de ejemplar y de folios. Eso quiere decir que las páginas no volvían a empezar en 1 con cada número: seguían la cuenta del anterior. Tiene todo el sentido si recuerdas que los periódicos se coleccionaban y se empastaban. Cada número era una entrega de un libro más grande.
Hay un detalle que me gusta mucho, y sale de hacer cuentas con dos fechas que dan las fuentes. El número 13 es del 23 de octubre de 1824: exactamente doce semanas después del primero. Y el número 88 estenta del 1 de abril de 1826: exactamente 87 semanas después. Las dos fechas caen en sábado, y la numeración calza con un ejemplar por semana, sin un solo salto.
Es decir: todo indica que en ese tramo de más de año y medio —con una prensa rudimentaria, dos impresores y un cura redactor que además era diputado— el Semanario no faltó ni un sábado.
¿Cuántos ejemplares tiraba? ¿Cuánto costaba? ¿Cómo se repartía? Aquí toca ser honestos: no se sabe. Cañas Dinarte lo reconoce sin rodeos: se ignora cuál fue su tiraje y cuáles fueron sus formas de distribución. López Vallecillos solo apunta que tuvo “escasa circulación”.
¿Qué traía adentro? Noticias, pleitos, fábulas... y los primeros anuncios
López Vallecillos lo resume en una línea: en sus páginas se insertaban noticias oficiales y referencias a la actividad federal, y más de una vez se libraron “polémicas encendidas” sobre los asuntos políticos del momento.
Ese era el plato fuerte. Lo que decidía el gobierno, lo que pasaba en la federación... y pleito. ¡Bastante pleito!
Pero había más.
Noticias de afuera. El Semanario reproducía noticias y artículos de la prensa mexicana, y en su estructura seguía el molde de las gacetas españolas, francesas y mexicanas.
Ideas. A pesar de la escasa circulación y de la “deficiente maquinaria” en que se imprimía, dice López Vallecillos, el periódico reunió en sus columnas a las mejores plumas salvadoreñas y trató temas políticos, científicos y filosóficos. Casi siempre sin firma: los textos salían anónimos, con iniciales o con seudónimos curiosos.
Fábulas. Sí, fábulas. Cañas Dinarte rescata dos títulos, Los dos compadres y El sacristán y el labrador, y las cuenta entre las primeras fábulas salvadoreñas que se leyeron. La segunda tiene una gracia especial: criticaba a los salvadoreños impacientes, los que esperaban que con el nuevo régimen todo se arreglara rápido. El mensaje, según López Vallecillos, iba dicho “con buen tono y mucho ingenio”: no se podían esperar milagros.
Anuncios. Aquí se entiende lo de “Mercantil”. Las páginas del Semanario fueron las primeras del territorio salvadoreño en dar espacio a avisos de venta de tierras, haciendas, ganado y otros bienes. Por eso Cañas Dinarte lo vincula con el origen mismo de la publicidad en el país.
Sucesos. Y también había crónica de lo que pasaba en la calle. En el número 88, del 1 de abril de 1826, el Semanario dio cuenta de la ejecución en la Plaza Mayor —hoy parque Libertad— de Felipe Sánchez, alias Bambita, a quien Cañas Dinarte describe como “conocido bandido y tocador de vihuela”. Casi noventa años después, Francisco Gavidia se apoyó en ejemplares sueltos que tenía para esbozar Sencio (1915), un apunte teatral que nunca terminó y donde Bambita aparece como personaje secundario.
Un bandido que tocaba la vihuela. A veces la historia escribe mejor que cualquier guionista.
Miguel José de Castro y Lara: el primer periodista salvadoreño
Ahora, la pregunta del millón: ¿quién escribía todo eso?
Las fuentes coinciden en un nombre. López Vallecillos lo presenta bajo un título que no deja dudas —“El primer periodista salvadoreño”— y dice que lel redactor del Semanario fue el presbítero Miguel José Castro. Cañas Dinarte precisa que a él se le confió la dirección editorial. La Asamblea Legislativa, en su biografía oficial, lo llama director editorial del primer periódico. Y la historiadora María Eugenia Claps Arenas lo menciona como su editor.
Su nombre completo era Miguel José de Castro y Lara. Y su vida da para película.
Nació en San Salvador, aunque las fuentes no se ponen de acuerdo en cuándo. Cañas Dinarte da el 21 de octubre de 1774, con bautizo dos días después en la iglesia de La Merced. La Asamblea Legislativa, el 8 de mayo de 1775. López Vallecillos, el año 1788. Estudió para sacerdote en la Nueva Guatemala.
Siendo cura de los Texacuangos se metió en los movimientos independentistas de 1811 y de 1814. Le costó caro. El 2 de agosto de 1814, por orden del arzobispo de Guatemala, Ramón Casaus y Torres, lo separaron de su parroquia y lo mandaron a la capital del Reino. Allá lo encarcelaron por rebeldía contra la corona y lo procesaron durante varios años.
Indultado, regresó y se hizo cargo de la parroquia de Zacatecoluca. Y ahí le tocó una escena que parece inventada.
A las once de la noche del 23 de septiembre de 1821 le llegó una correspondencia secreta, lacrada. Traía la noticia del Acta de Independencia firmada en Guatemala ocho días antes. A las ocho de la mañana siguiente, en sesión del ayuntamiento, el padre Castro abrió los pliegos, los leyó en voz alta y se los entregó a un pregonero para que anunciara la noticia en la plaza.
Piénsalo un segundo. Tres años antes de que hubiera imprenta, el futuro primer periodista del país ya hacía lo que hace un periodista: recibir la noticia y dársela a la gente.
Después vino la política. Fue diputado constituyente por Zacatecoluca del 5 de marzo al 23 de noviembre de 1824, participó en la discusión de la primera Constitución del Estado y presidió el Congreso en sus últimas semanas. O sea: en 1824 hacía leyes entre semana y sacaba periódico los sábados.
En 1826 volvió al Congreso como secretario y presidente temporal. Luego fue jefe de sección del Ministerio General y consejero de Estado. Y la imprenta nunca lo soltó del todo. En 1828, según Tenorio, la Imprenta del Estado estaba dirigida por él y por Gregorio Arévalo, y de ahí salía otro periódico: El Salvadoreño.
Murió en San Salvador el domingo 26 de abril de 1829.
¿Y José Matías Delgado? Lo que hizo... y lo que no
Vas a leer en muchos lados que el primer periódico “lo fundó” o “lo dirigió” el padre Delgado. Vale la pena ponerle lupa a eso, sin quitarle un gramo de mérito.
Lo que está bien documentado es esto: Delgado consiguió la imprenta. Suscribió y reunió la colecta con la que se compró en Guatemala. Sin él no hay prensa. Y sin prensa no hay periódico.
¿Y lo escribía? Ahí la cosa cambia. López Vallecillos dice en una línea que Delgado editó el semanario “conjuntamente” con Castro. Sin embargo... cuando le toca nombrar al redactor, nombra a Castro y solo a Castro. Lo mismo hacen Cañas Dinarte, la Asamblea Legislativa y Claps Arenas.
Así que lo más justo es repartir el crédito como fue: Delgado puso la imprenta; Castro puso la pluma.
El pleito del obispado
Hay otra razón por la que el nombre de Delgado aparece pegado al Semanario. El periódico nació en medio de su gran batalla.
Pues bien. En lo religioso, San Salvador dependía del arzobispado de Guatemala. Las autoridades civiles del Estado decidieron crear su propia diócesis y, el 5 de mayo de 1824, nombraron obispo a Delgado.
El escándalo fue mayúsculo. La biografía oficial de la Asamblea habla de una “acre y feroz polémica” con el arzobispo de Guatemala y con las autoridades vaticanas. El Senado federal descartó la medida en julio de 1825. Y años después, a partir del 25 de septiembre de 1831, el propio Congreso salvadoreño terminó derogando los decretos.
¿Qué tiene que ver esto con el periódico? Mucho. Castro y Lara integró la comisión legislativa que dictaminó a favor de darle el obispado a Delgado. Y Tenorio pone ese objetivo —una ciudad con obispo propio— entre los propósitos con los que nació la prensa salvadoreña.
Con ese redactor y ese propósito, el Semanario difícilmente miraba el pleito desde la grada.
José Matías Delgado había nacido en San Salvador el 24 de febrero de 1767. Murió en la misma ciudad el 12 de noviembre de 1832.
¿Cuándo dejó de publicarse? El final que nadie ha podido fechar
Aquí viene la parte más curiosa de toda la historia.
Del primer periódico de El Salvador sabemos el día exacto en que nació. Sabemos hasta que fue por la mañana.
Pero no sabemos cuándo murió.
Hay tres versiones:
- Ítalo López Vallecillos escribió que “dejó de publicarse en 1826”.
- Jorge Lardé y Larín, en Orígenes del periodismo en El Salvador (1950), sostuvo que siguió saliendo hasta 1827.
- Carlos Cañas Dinarte también habla de 1827: ese año, dice, el Semanario cerró y fue sustituido por otro impreso de carácter gubernamental.
¿Quién tiene razón? María Tenorio, que comparó a los dos primeros, deja caer una frase demoledora: “Ninguno de los dos habrá tenido a la vista una colección completa de este título”.
Y sin la colección completa, nadie puede señalar el último número.
Lo que sí se puede hacer es cercar la fecha con lo que hay:
- El 1 de abril de 1826 el Semanario seguía vivo. Ese día salió el número 88.
- El 1 de enero de 1827 apareció en San Salvador otro periódico, El Centinela.
- En abril de 1827 ya circulaba un órgano oficial nuevo, la Gaceta del Gobierno del Estado del Salvador. Tenorio fecha su primer número el 9 de abril; López Vallecillos lo pone el 2 y lo llama también El Registro Oficial.
Así que el final cae en algún punto entre abril de 1826 y abril de 1827. Más cerca no se puede llegar sin inventar.
Lo que estaba pasando alrededor
El contexto ayuda a entender.
En abril de 1825, el salvadoreño Manuel José Arce había ganado las elecciones para presidir la federación. López Vallecillos cuenta que el Semanario lo respaldó en sus días más aciagos, cuando sus enemigos querían invalidarlo como presidente.
Pero las lealtades de esos años daban muchas vueltas. Cañas Dinarte registra que el propio Castro y Lara terminó, ya como consejero de Estado, en “férrea oposición” al gobierno federal de Arce.
En septiembre de 1826 estalló la primera guerra federal centroamericana, que duró hasta abril de 1829. Y al mes siguiente, el 21 de octubre, Castro y Lara firmaba en el Congreso un informe sobre la crítica situación política del país.
El Semanario se apagó en medio de ese remolino. Ninguna de las fuentes consultadas explica el motivo exacto del cierre, así que no te lo voy a inventar. Pero cuesta creer que sea casualidad.
¿Dónde están los ejemplares? Una búsqueda de dos siglos
Si el final del Semanario es un misterio, es por una razón muy simple: casi no quedan ejemplares. Y los que quedan están regados.
La historia de esa búsqueda parece novela de detectives.
Las colecciones que hubo. López Vallecillos dejó escrito que existían dos: una incompleta, en casa de don Francisco Gavidia, y otra “muy bien conservada” en la del general Agustín Martínez, que fue la que él pudo consultar. Cañas Dinarte menciona una tercera: el doctor Rafael González Sol llegó a ver una colección completa que existía en La Unión. También lo tuvieron en las manos el bibliógrafo chileno José Toribio Medina, Jorge Lardé y Larín y José Flores Figeac.
El silencio. Para 2002 el rastro parecía perdido. Ese año, Cañas Dinarte escribió que, hasta donde él sabía, nadie más había consultado esos folios, porque no quedaba registro bibliotecario de ellos ni en América ni en Europa.
El hallazgo de Tulane. Y entonces pasó lo inesperado. María Tenorio, que había leído ese recuento, preparaba su tesis doctoral para la Universidad Estatal de Ohio cuando dio con una decena de números en la Howard-Tilton Memorial Library de la Universidad de Tulane, en Nueva Orleans. Estaban en microfilm: los números 1 al 4 y 8 al 13, del 31 de julio al 23 de octubre de 1824.
El primer periódico de El Salvador apareció en una biblioteca de Luisiana. Según Cañas Dinarte, Tenorio donó después fotocopias a la Academia Salvadoreña de la Historia.
Las pistas más recientes. En 2024, el mismo Cañas Dinarte señaló que se sabe de ejemplares en oficinas estatales del Reino Unido. Y en febrero de 2025, la coordinadora de Colecciones Especiales de la UCA, Carmen de Góchez, le dijo a la agencia EFE que la universidad guarda una colección de 31 ejemplares de 1825 y 1826, parte de un conjunto de periódicos antiguos donado en 1965.
Haz la suma y verás el tamaño del hueco. De un semanario que llegó por lo menos al número 88, hoy hay noticia de 41 ejemplares localizados: diez en microfilm y 31 en la UCA.
Si algún día aparece una colección completa in un baúl de La Unión o en un archivo británico, habrá que reescribir este artículo. ¡Ojalá!
Lo que vino después: de El Centinela al Diario Oficial
El Semanario abrió la puerta. Y por esa puerta entró una multitud.
En 1827 ya había tres títulos nuevos: El Centinela (1 de enero), la Gaceta del Gobierno del Estado del Salvador (abril) y La Miscelánea (septiembre). En 1828 llegó El Salvadoreño, que salió dos veces por semana entre el 5 de junio de ese año y el 4 de enero de 1829, en plena guerra federal... y con Castro y Lara otra vez cerca de la imprenta.
Tenorio contó los periódicos que aparecieron en el país entre 1824 y 1850. Le salieron cincuenta. Con nombres tan sabrosos como El Asueto, Las Avispas, La Tijereta, El Patriotismo Desnudo o Periquillo el Hablador. Y ya no solo en la capital: también en San Vicente y en Cojutepeque.
Las imprentas se multiplicaron igual. López Vallecillos registra la primera de provincia en Sonsonate, en 1827, propiedad de don Felipe Vega.
Los periódicos oficiales, por su parte, fueron cambiando de nombre durante medio siglo. La Imprenta Nacional reseña el Boletín Oficial de 1841, varias gacetas y El Constitucional, hasta llegar al nombre que conocemos: el 31 de diciembre de 1875, El Constitucional pasó a llamarse Diario Oficial. Así se llama hasta hoy. Un detalle curioso: esa reseña institucional arranca en 1841 y no menciona la prensa de 1824.
¿Y el primer periódico diario? López Vallecillos se lo atribuye a El Faro del Salvador, fundado en 1864 y dirigido por el nicaragüense Pablo Buitrago. Cuarenta años después del Semanario.
El Semanario en el mapa de Centroamérica
¿Fue el primer periódico de Centroamérica? No. Ese honor es de Guatemala, y por mucho.
Pero mira el cuadro completo, porque el segundo lugar tiene su mérito:
| País | Llegada de la imprenta | Primer periódico impreso | Primer número |
|---|---|---|---|
| Guatemala | 1660 | Gazeta de Goathemala | Noviembre de 1729 |
| El Salvador | 1824 | Semanario Político Mercantil de San Salvador | 31 de julio de 1824 |
| Honduras | Marzo de 1829 | Gaceta del Gobierno | 25 de mayo de 1830 |
| Nicaragua | 1830 | Gaceta de Nicaragua | 31 de agosto de 1830 |
| Costa Rica | 1830 | El Noticioso Universal | 4 de enero de 1833 |
La Gazeta de Goathemala fue, según el jesuita Alfonso María Landarech, el segundo periódico que vio la luz en la América española. Casi un siglo después, El Salvador se convirtió en el segundo Estado de la federación con periódico propio: seis años antes que Honduras y Nicaragua, y más de ocho antes que Costa Rica.
Y con una diferencia que vale subrayar. En Honduras, la imprenta la llevó Francisco Morazán. En Nicaragua, la compró el gobierno. En San Salvador la pagó la gente, con una colecta.
¿Por qué el Día del Periodista en El Salvador es el 31 de julio?
Por todo lo que te vengo contando.
El Día del Periodista Salvadoreño se estableció por el Decreto Legislativo n.º 380, que la Asamblea Legislativa fecha el 29 de mayo de 1969. La iniciativa fue de los diputados Juan Ramón Mena, Guillermo Rafael Reyes Durán, Juan Ricardo Ramírez Rauda, Baltasar Dueñas Rivera y Doris Osegueda.
El dictamen aludía directamente a esta historia: el 31 de julio de 1824 había salido a la luz el primer periódico del país, el Semanario Político Mercantil, y con él se consideró iniciado el periodismo en territorio salvadoreño. Los diputados reconocieron, además, que el periodismo nacional “ha contribuido con su labor seria y orientadora a la solución adecuada de nuestros problemas”.
Un aviso, por si ves otra fecha por ahí: alguna nota de prensa reciente da el 16 de junio de 1969 como día de aprobación del decreto. La que consigna la propia Asamblea es el 29 de mayo.
Desde entonces, cada 31 de julio el gremio celebra su día. En 2024, el Semanario cumplió 200 años.
Cinco confusiones frecuentes (y lo que dicen las fuentes)
Con dos siglos encima y tan pocos ejemplares, es normal que la historia se haya ido enredando. Estas son las confusiones que más se repiten.
- “Se llamaba Gaceta Mercantil” (o “El Mercantil”).
No. El nombre es Semanario Político Mercantil de San Salvador. Aunque el enredo tiene abuelos ilustres: el propio López Vallecillos lo llama en una línea “El Mercantil”, y una cronología centroamericana de 1967 lo apunta tres veces, con tres nombres distintos, como si fueran tres periódicos. - “El primer periódico fue El Puntero Apuntado”.
Tampoco. El puntero apuntado con apuntes breves existe, pero es un libro: un pequeño manual sobre el añil atribuido a Juan de Dios del Cid, quien para imprimirlo se construyó su propia prensa y grabó tipos de madera. Ni siquiera hay acuerdo sobre su fecha. La Imprenta Nacional anota 1683 en su reseña histórica, Cañas Dinarte lo ubica en el siglo XVIII y en otras referencias verás 1641. Sea cual sea, es un libro. No un periódico. - “Lo fundó y lo dirigió José Matías Delgado”.
A medias. Delgado consiguió la imprenta, y sin eso no habría habido nada. Pero el redactor fue Miguel José de Castro y Lara. - “Fue el primer diario del país”.
No era diario. Salía una vez por semana, los sábados. El primer diario llegó cuarenta años después. - “Fue el primer periódico de Centroamérica”.
No: Guatemala tenía periódico desde 1729. El Semanario fue el primero de El Salvador, y convirtió al país en el segundo de la región con prensa propia.
Cronología rápida
Preguntas frecuentes (FAQ)
El Semanario Político Mercantil de San Salvador. Su primer número salió el sábado 31 de julio de 1824.
La imprenta se consiguió gracias a una colecta popular impulsada por el presbítero José Matías Delgado. El redactor y director editorial fue el presbítero Miguel José de Castro y Lara.
Miguel José de Castro y Lara, sacerdote, independentista y diputado, redactor del Semanario. Murió en San Salvador el 26 de abril de 1829.
En 1824. Se compró en la ciudad de Guatemala con una colecta entre la población de San Salvador y se instaló en la casa de Manuel Herrera, en la actual esquina de la 2.ª avenida Sur y la 8.ª calle Oriente.
Manuel Inocente Pérez, de Metapán, y Samuel Aguilar, de San Salvador. Aprendieron el oficio en Guatemala, en el taller de Manuel José Arévalo.
Salía los sábados. Tenía entre cuatro y ocho páginas, a dos columnas, en hojas de 21 por 30 centímetros.
Noticias oficiales y de la federación centroamericana, polémicas políticas, textos reproducidos de otros periódicos, fábulas y los primeros anuncios de venta de tierras, haciendas y ganado que se imprimieron en el país.
No se sabe con exactitud. Ítalo López Vallecillos dice que en 1826; Jorge Lardé y Larín y Carlos Cañas Dinarte, que en 1827. El número más tardío con fecha conocida es el 88, del 1 de abril de 1826.
Hay diez números de 1824 en microfilm en la Universidad de Tulane (Nueva Orleans), y la UCA informó en 2025 que guarda 31 ejemplares de 1825 y 1826. También se tiene noticia de ejemplares en el Reino Unido.
Porque ese día de 1824 salió el primer número del Semanario. La fecha se estableció por el Decreto Legislativo n.º 380, de 1969.
No. El primero fue la Gazeta de Goathemala, de 1729. El Semanario fue el primero de El Salvador y convirtió al país en el segundo de la región con prensa propia.
Para cerrar
Hay algo que me conmueve de esta historia, y con eso te dejo.
El primer periódico de El Salvador nació con una promesa muy clara: publicar “las noticias mas puntuales y exactas” para evitar los errores. Para que lo que pasaba aquí quedara bien contado. Para que no se perdiera.
Y resulta que de ese periódico se perdió casi todo. No sabemos cuánto costaba. No sabemos cuántos se imprimían. No sabemos qué sábado salió por última vez.
Lo que sí sabemos es cómo empezó. Con una colecta. Con un cura que juntó el dinero y otro que puso la pluma. Con dos impresores que habían aprendido en Guatemala un oficio que en su tierra todavía no existía. Con una prensa de mano en una casa del centro.
Me gusta imaginar aquel sábado de julio: alguien levanta la primera hoja, todavía húmeda de tinta, y lee en voz alta lo que pasa en su propio país.
Contado, por fin, desde aquí.




